
El primer capítulo aborda cómo Fernando VII promovió una farsa para reconocer al batallón de Rafael de Riego. Los debates parlamentarios condujeron a la aprobación de un himno en homenaje al héroe liberal, obra que resultó una marcha militar desprovista de letra. Aun así, el resultado devino en símbolo de la democracia y la libertad, con distintos textos y presencias en varias épocas.
Una segunda parte expone el compromiso de Pau Casals por la paz, la justicia y la libertad, contra el fascismo, por la Segunda República y por la Generalitat de Catalunya. Su aportación a los preparativos de la Olimpiada Popular de Barcelona fue intensa. Aquel fabuloso evento que daría comienzo el 19 de julio de 1936, se vio truncado por la rebelión militar que estalló un día antes. Casals involucró a distintas organizaciones obreras para formar una orquesta, coros, conciertos, audiciones e iniciativas educativas. Téllez expone aquellas actividades recurriendo a múltiples fuentes y a la correspondencia cruzada por el célebre violonchelista.
El compositor Carlos Palacio, que también plasmó sus ideales en su quehacer, ocupa el tercer capítulo. Se trata de una figura menos conocida, puesto que falleció exiliado en París. Compuso distintas obras, que Téllez rastrea con meticulosidad, en apoyo de la Segunda República. El investigador propone un “concierto revolucionario” analizando las conexiones políticas y musicales entre la obra de Palacio y conocidos temas de Frédéric Chopin.
El libro concluye con un estudio de iniciativas en defensa de la Segunda República, que invocaron la alfabetización, el arte, la poesía y la música desde la Valencia capitalina durante el primer año de guerra. Los recuerdos del pintor, escultor, ilustrador y miembro del Partido Comunista de España, Rafael Pérez-Contel, publicados en 1986, han servido para identificar a los autores que contribuyeron a las “Canciones de lucha” medio siglo antes. Carlos Palacio fue el recopilador de aquella publicación de 1936.
Téllez descubre a Eduardo Martínez Torner como autor de una obra dedicada al general José Miaja, tras el seudónimo de F. Gil-Nertor. También dilucida cómo Torner, afiliado a Izquierda Republicana, reunió las “Canciones revolucionarias”, publicadas en 1937 con unas preciosas ilustraciones de Pérez-Contel.
El libro de Téllez está escrito con cariño y rigor. El contenido es muy rico y relaciona campos que la historiografía clásica no suele atender, como la música o la política. Presenta un magnífico material documental, gráfico, poético y musical. Constituye un merecido homenaje a quienes pusieron su vida al servicio de la democracia y de la libertad, combatiendo el fanatismo con la poesía, la música y la cultura.