Estas acusaciones, nada casuales, buscan distraer la atención de la sociedad del núcleo del problema: el asedio inhumano y genocidio al que el Estado de Israel somete a más de dos millones de personas en Gaza, se ha respondido desde la diplomacia oficial con una parálisis y complicidad prácticamente absoluta durante estos dos últimos años.
Por lo tanto, el valor de la Flotilla Sumud no es ni mucho menos el que se le pretende adjudicar desde la prensa. Más allá de la humildad de medios o el amateurismo de sus participantes, la flotilla adquiere todo su sentido en el plano político: navega hacia aguas controladas por Israel, forzando así una confrontación que la diplomacia oficial ha evitado sistemáticamente. Su verdadero valor es reaccionar con un acto de desobediencia civil y enfrentarse directamente a la legitimidad internacional del bloqueo israelí. De esta manera denuncia la parálisis y la complicidad de muchos estados y organismos internacionales ante un régimen de violencia que ha degenerado en ataques indiscriminados contra la población civil palestina.
Así, la Flotilla Global Sumud transmite no solo esperanza, sino el mensaje claro de que la sociedad civil internacional no se resigna a la pasividad y complicidad de los Estados. Es intencionadamente humilde en recursos, pero ambiciosa en significado. Representa una solidaridad transnacional capaz de desafiar la impunidad mediante la acción colectiva.
No olvidemos que ese desdén mediático no va acorde con la gran incomodidad que la iniciativa causa al Estado de Israel y sus cómplices. No está de más recordar el trágico asalto del ejército israelí al Mavi Marmara en 2010, que formaba parte también de una flotilla humanitaria y que causó diez muertos. La flotilla Global Sumud también está siendo atacada, pero la determinación de las y los activistas no ha mermado; al contrario, ha fortalecido la denuncia de que la inacción gubernamental equivale a complicidad y que el silencio no es la respuesta. Y gracias a eso, y a muchas otras manifestaciones globales, vemos que lentamente los Estados comienzan a movilizarse y a validar la iniciativa.
Pese a la intoxicación informativa que la banaliza o criminaliza, la flotilla debe ser valorada como una acción que lentamente está obligando al mundo a posicionarse y demostrar que la solidaridad internacional desde abajo es una herramienta esencial contra la barbarie y la indiferencia.