Formación para frenar la desigualdad

LA FORMACIÓN CONTINUA ES UNO DE LOS DERECHOS QUE REIVINDICAMOS EN CCOO, porque consideramos que esta formación es clave para actualizar conocimientos y adquirir nuevas competencias profesionales a lo largo de la vida activa.

La formación continua es un plus de calidad del empleo y de las empresas. En el caso del sector de la enseñanza, esta formación es vital para el sistema educativo y los servicios socioeducativos. Una palanca de cambio sin la cual cualquier avance legislativo, ejecutivo o de gestión, se dirige al fracaso. Por eso en la Federación de Enseñanza no somos indiferentes y nos lo tomamos en serio.

Además, consideramos que la formación continua también es un factor de desarrollo personal que redunda en una mejora de nuestro desempeño, pero no tiene por qué estar ligado directamente al trabajo que realizamos. Puede ser un vector que nos impulse precisamente a cambiar de empleo, de sector o de empresa, y a explorar nuevas posibilidades.

Como sindicato sociopolítico y de clase nos preocupa cómo se desarrolla la formación inicial que da acceso al mundo laboral, en general, y al sistema educativo y los servicios socioeducativos en particular. También las oportunidades de formación que tenemos una vez que estamos trabajando.

En la Federación de Enseñanza organizamos y ofrecemos cursos, seminarios y otras acciones formativas dirigidas a todos los perfiles profesionales de nuestro sector. Así contribuimos a definir el modelo educativo que defendemos, porque creemos firmemente que la formación de las trabajadoras es un pilar de dicho modelo. Por ello, peleamos para ampliar nuestra labor, por ejemplo, pidiendo al Ministerio la homologación para acreditar la función directiva de centros educativos y la competencia digital docente.

 

Igualdad y brechas

La formación es un derecho y todas las personas trabajadoras deben tener oportunidades de formación en condiciones de igualdad, con calidad y dentro del horario laboral.

Con igualdad, sí, entre hombres y mujeres. Y es aquí donde nos topamos con una sociedad patriarcal que se estructura en torno a unos estereotipos de género que provocan el reparto desigual de las tareas, tanto las remuneradas como las no remuneradas. La precariedad, parcialidad, temporalidad y salarios bajos afectan mayoritariamente a las mujeres.

En España es mayor el porcentaje de mujeres con educación superior que el de los hombres. Esto ocurre en todas las franjas de edad y se acentúa más entre la población joven. Según el INE, el 45,3% de las mujeres de entre 25 y 64 años tienen niveles de educación superior, en cambio, solo el 38,7% de los hombres tienen este nivel de estudios. Una diferencia de 6,6 puntos porcentuales, que en la franja de edad más joven (de los 25 a los 34 años) aumenta hasta los 11,2 puntos porcentuales, ya que el 58,3% de las mujeres tienen este nivel de estudios, frente al 47,1%

A pesar de estar mejor formadas, la brecha salarial persiste: las mujeres accedemos a puestos de trabajo más precarios, peor pagados, tenemos más tasa de paro y mayor inestabilidad. Trabajamos a tiempo parcial más que los hombres, pero no porque queramos, sino porque es lo que nos ofrece el mercado laboral.

El último informe “Igualdad en cifras” del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, arroja datos de profesorado que nos permiten comparar la distribución de las mujeres docentes según las enseñanzas que imparten.

Del total del profesorado, el 67,2% son mujeres. Pero en enseñanzas universitarias, representamos solo el 44,2%; y, en preuniversitarias de régimen general, el 72,3%. Este porcentaje sube aún más en los centros de Infantil y Primaria, y en Educación Especial. Tampoco ocupamos los puestos directivos de los centros educativos en la misma proporción. Esta desviación es más significativa en los institutos, ya que solo el 45,2% tienen mujeres en la dirección.

Y, aunque esta brecha en los puestos directivos de colegios e institutos se está reduciendo (15 puntos porcentuales en los últimos 10 años, según el Ministerio), ¿cuál es la raíz del problema, si nuestra formación inicial es superior en porcentaje que la de los hombres?

¿Tenemos también una brecha en el acceso a la formación continua? Si esto fuera así, podría explicar parte de la distribución desigual de las mujeres en el mundo laboral.

¿O tendrá que ver esta diferencia con el reparto desigual de las tareas del hogar y de cuidados? Por ejemplo, sabemos que las mujeres tienen dificultades para acceder a la formación continua, especialmente si esta es presencial y de larga duración, como son los cursos de capacitación para la función directiva.

Las mujeres se enfrentan a mayores barreras en la formación continua. La principal dificultad a la hora de solicitar y disfrutar permisos de formación individuales es la falta de corresponsabilidad, es decir, el reparto desigual de las tareas que sustentan la vida. Tampoco ayudan el hecho de tener mayor temporalidad en los contratos ni el disfrute de los permisos no remunerados por cuidado de familiar.

Las cifras son demoledoras: el 21,1% de las mujeres trabaja a jornada parcial (frente al 6,6% de los hombres), lo que a menudo dificulta el acceso a programas formativos. El problema es sistémico y la respuesta, por lo tanto, debe serlo en la misma medida. Tan importante es la formación continua de calidad, accesible y dentro de la jornada laboral, como la corresponsabilidad en la asunción de las tareas que sustentan la vida, la igualdad en el acceso a la estabilidad laboral y la parcialidad.

Las reducciones de jornada, las excedencias y los permisos por cuidado tienen que dejar de ser “cosas de mujeres”. Porque, para que el acceso a la formación para el empleo sea igualitario, las mujeres deben librarse de la mochila que lastra su desarrollo personal y profesional.

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María Oliva García de Paz

Secretaría de Políticas Sociales y Memoria Democrática y de Formación para el Empleo en la Federación Estatal de Enseñanza de CCOO