A pesar de los compromisos adquiridos después de la II Guerra Mundial, donde se prometió que “nunca más” se permitirían atrocidades a gran escala, la historia nos muestra que estas promesas están siendo violadas nuevamente. Sin embargo, esto no debe llevar a la ciudadanía ni a las organizaciones a perder la esperanza o las fuerzas. Al contrario, es imperativo que continuemos presionando, denunciando y actuando para visibilizar lo que está ocurriendo en Gaza. A esto debemos sumar que estas presiones están teniendo efectos importantes a nivel político. Un ejemplo de ello es que, a fecha de cierre de esta publicación (finales de septiembre de 2025), once países se sumaban al reconocimiento de Palestina: Andorra, Australia, Bélgica, Canadá, Francia, Luxemburgo, Malta, Mónaco, Portugal, San Marino y Reino Unido.
La situación en Gaza es crítica y urgente, y sus habitantes sufren las consecuencias de un conflicto devastador.
¿Cómo afecta esta situación a las mujeres?
La situación es realmente alarmante. En primer lugar, es importante señalar que las cuidadoras son quienes, en la hora de la comida y necesidades básicas, priorizan a sus hijos, ancianos y enfermos, quedándose ellas mismas sin cubrir estas necesidades. Esta realidad está conduciendo a un aumento significativo de la desnutrición entre las mujeres, especialmente aquellas que están embarazadas o en periodo de lactancia.
Además, ellas son las más vulnerables a las infecciones, no solo por su rol como cuidadoras, sino también porque al consumir menos alimentos, disminuyen sus defensas. Esta desnutrición tiene consecuencias devastadoras: partos prematuros y bebés que nacen con bajo peso son solo algunas de las trágicas realidades. El estrés que padecen, sumado a su falta de nutrientes, les impide producir leche materna, lo que significa que muchas no pueden amamantar a sus recién nacidos, lo que las lleva a enfrentarse a la muerte de sus bebés, sintiéndose impotentes para salvar sus vidas.
Las condiciones en las que muchas de estas mujeres dan a luz son desgarradoras: muchas paren en tiendas de campaña, en la calle o en edificios en ruinas, sin recibir asistencia médica adecuada. En cuanto a las recuperaciones, estas ocurren sin los recursos ni los cuidados imprescindibles.
Las condiciones de vida son inhumanas. En estos campamentos, donde la gente vive hacinada y sin acceso a servicios básicos como baños, muchas mujeres optan por reducir su ingesta de agua y alimentos para evitar la incomodidad de tener que salir a buscar un retrete sucio y lejano.
Por si fuera poco, menstruar se ha convertido en una fuente de gran angustia. La falta de compresas y materiales de higiene personal provoca que muchas mujeres se sientan avergonzadas y humilladas. Para hacer frente a esta situación algunas han llegado a recurrir a pastillas para cortar sus menstruaciones, dado que carecen de kits de higiene de ningún tipo. La falta de champú y peines también ha hecho que muchas hayan tomado la decisión de raparse el cabello, pues enfrentan plagas de piojos.
Las condiciones de vida a las que se enfrentan son extremadamente adversas, generando una serie de problemas que intentan mitigar con medidas desesperadas. La situación es no solamente crítica, sino también profundamente deshumanizante.
Como personas ciudadanas del mundo, tenemos la responsabilidad de exigir que se tomen acciones concretas y efectivas. La Unión Europea, por ejemplo, debe poner en práctica las cláusulas de su acuerdo de asociación con Israel, que estipulan que cualquier violación de los Derechos Humanos debe ser objeto de sanciones y, en caso extremo, su cancelación. No podemos obviar que, a pesar de no tener datos, tenemos testimonios de mujeres que han sido abusadas sexualmente y que han sido maltratadas y sometidas a tortura. Es un hecho que va ligado a los territorios en guerra.
No podemos permanecer en silencio. La población de Gaza necesita nuestra voz y debemos garantizar que nuestro mensaje llegue a los gobiernos, los cuales deben actuar en defensa de los derechos humanos y hacer lo que haga falta para poner fin a esta lamentable situación.
Las mujeres, en particular, se encuentran en una posición muy vulnerable, sufriendo de manera desproporcionada ante la ofensiva militar. Desde la Federación de Enseñanza de CCOO hemos participado en proyectos con el pueblo palestino, especialmente con mujeres docentes; pero la situación es tan insostenible que hacen falta otras medidas, más allá de ayuda y cooperación.
Es momento de actuar con firmeza y solidaridad. Hablando de Gaza, especialmente en los centros educativos y socioeducativos, estamos hablando de la dignidad humana, de la justicia y de la necesidad de que el Derecho Internacional Humanitario sea más que un ideal en papel. Juntas y juntos debemos seguir luchando: la voz de Gaza es una voz que resuena con las demandas de paz y justicia en todo el mundo.