Semillas, arte y vida: el aula como motor de solidaridad entre iguales

EN EL BARRIO OBRERO DEL BON PASTOR DE BARCELONA SE HALLA UN MODESTO CENTRO EDUCATIVO: Institut Escola El Til.ler, el único público de la zona con oferta educativa desde los 3 años hasta 4° de la ESO.

El tejido social diverso, la problemática de la vivienda digna, la crisis de valores a nivel global junto a una histórica presencia de industria confieren a la población escolar los rasgos propios de la clase trabajadora. Con todo ello y nunca del todo ajenas al contexto internacional quienes habitamos este lugar nos contagiamos de una bonita pandemia: la solidaridad.

En este “andar juntas” una pequeña pero llamativa acción captó la curiosidad de niñas y niños: pequeñas sandías. Este fruto jugoso, de colores vivos y repleto de semillas animó a un grupo de estudiantes a preguntarse por su presencia en el centro educativo. Ya no hay marcha atrás tras el cruce entre la solidaridad y la sandía. La maquinaria de la curiosidad hará el resto.

Durante el inicio del curso 2025-2026, las distintas comunidades educativas de El Til.ler dedicaron parte de su trabajo a un proyecto de sensibilización sobre la cultura de la paz. El objetivo: formar a un alumnado capaz de comprender el sufrimiento ajeno y cuestionar la injusticia. La atención se centró en el pueblo palestino, víctima de un conflicto prolongado que ha devastado vidas y territorios.

El profesorado utilizó recursos digitales, testimonios y ejercicios de dramatización para lograr que niñas y niños se pusieran en la piel de quienes ven su infancia interrumpida por la guerra. No se trataba de enseñar cifras, sino de educar en empatía y pensamiento crítico.

Las actividades, integradas en la acción tutorial y apoyadas por la dirección del centro, permitieron que los grupos reflexionaran tras ver reportajes adaptados, como el emitido en el programa Info K de la televisión pública catalana. El equipo docente convirtió esas preguntas en motor de aprendizaje: más que dar respuestas cerradas, se trataba de ofrecer herramientas para interpretar el mundo con sensibilidad y criterio propio.

A través del equipo social se planteó la posibilidad de hacer un mosaico con las miradas infantiles y adolescentes para dar cuenta de una tragedia que, por lo general, llega a sus vidas solo de forma fragmentada y lejana. Al abordar esta temática en el aula, se generó un debate sincero y profundo, en el que emergieron preguntas incómodas, dudas sobre la justicia internacional y un fuerte sentimiento de empatía hacia los niños palestinos. Las y los estudiantes expresaron su visión del conflicto a través de dibujos y mensajes. Algunos de esos trabajos, realizados por menores de 8 años, mostraron una sorprendente madurez emocional.

 

Dramatización y reconocimiento

Una de las experiencias más potentes fue la dramatización. Estudiantes de distintos cursos representaron escenas de la vida cotidiana en Gaza: juegos interrumpidos por explosiones, desplazamientos forzosos o escuelas bombardeadas. En los silencios de esas actuaciones se percibía la comprensión más profunda, la que nace de sentir el dolor del otro.

Además, el profesorado propuso redactar mensajes y cartas dirigidas a niños y niñas palestinos. La intención era establecer un puente humano, un intercambio simbólico que recordara que, pese a la distancia, comparten una misma condición: la de ser infancia. Las y los estudiantes, provenientes de familias migrantes o de vecinos que también han vivido el desarraigo, pudieron reconocerse en esas historias.

Con la ayuda de recursos digitales, el alumnado podrá explorar otros episodios de genocidio: desde la Shoah hasta el genocidio de Ruanda, pasando por las desapariciones forzadas en América Latina y el holocausto al pueblo judío. Invitar a la comunidad educativa a “estudiar viviendo la historia” se puede convertir en una experiencia comunitaria de memoria democrática.

Las familias del Bon Pastor también han sido parte activa del proceso. En los últimos meses, padres y madres se han movilizado en apoyo a personas del barrio con riesgo de desahucio o para reclamar el fin de los bombardeos en Gaza. Así, la escuela se abre a la comunidad y esta entra en la escuela, demostrando que la educación puede ser una herramienta de transformación social.

Dentro del profesorado ha surgido, además, la necesidad de crear espacios de debate interno donde abordar las distintas voces y sensibilidades. El Institut Escola El Til.ler se ha convertido con los años en un núcleo de convivencia donde la solidaridad se practica tanto en los contenidos como en la forma de trabajar.

La manifestación del 4 de octubre, donde una parte del equipo de profesionales marchó en apoyo al pueblo palestino, simboliza ese compromiso. Desde las aulas se impulsa la lucha obrera por la paz, entendida como una forma de resistencia educativa. En este proceso, la creación artística juega un papel esencial: podría perfectamente ocurrir que se evocara la poesía de Mahmud Darwish o se compusieran canciones colectivas con el apoyo del profesorado de Música. De este modo, los sentimientos se transformarían en arte y el arte, en conciencia.

El mensaje que lanzamos desde este humilde rincón del barrio del Bon Pastor es claro: la escuela, incluso en los barrios más golpeados por la precariedad, pueden ser un faro de conciencia crítica y de solidaridad internacional. Educar en la memoria democrática y la justicia no es un lujo, sino una necesidad urgente si aspiramos a un futuro sin genocidios y donde se respire la cultura de la paz.

Las niñas y los niños que hoy aprenden a ponerse en la piel del otro son las personas adultas que mañana podrán construir sociedades más justas y pacíficas. Y, aunque la tarea sea inmensa, cada aula que se convierte en espacio de memoria y pensamiento crítico suma un paso hacia ese otro mundo posible.

Si fuimos capaces de superar pandemias, si con la fuerza de los símbolos como la sandía despertamos curiosidades, ¿qué no podremos hacer si desde el amor por la pedagogía y la educación nos marcamos estos retos?

Desde Catalunya, una vez más, queremos enviar un mensaje de esperanza: otro futuro es posible si educamos en memoria, en justicia y solidaridad.

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Aran Clemente

Docente de la Generalitat y secretario de la Junta de Personal Docent No Universitari del Barcelonès