Educar para la paz

ESCUCHABA EN LA RADIO EL OTRO DÍA, de la voz de un psicólogo activista, que “el lenguaje de la realidad es la acción”.

En la escuela reflexionamos a menudo sobre cómo podemos transmitir a nuestro alumnado de manera consciente los valores con los que nos identificamos como centro. Sin embargo, muchas veces, nuestras intenciones de transformación del mundo en el que vivimos se quedan en la reflexión y en el intercambio de buenos deseos que luego cuesta convertir en acciones concretas.

Partiendo de estas reflexiones, el equipo directivo, que iniciábamos nuevo proyecto en el centro, definimos lo que queríamos en una frase muy sencilla, pero llena de significado: “queremos una escuela más amable”.

A partir de esta declaración trazamos las líneas de actuación para hacer realidad esta intención. Pronto relacionamos que aspirar a ser una escuela más amable era, en el fondo, trabajar por una escuela para la paz. Pero no entendida únicamente como la paz mundial, sino, sobre todo, pensando en construir la paz desde las relaciones que establecemos día a día en la escuela y desde la gestión de los conflictos que se dan en estas relaciones como oportunidad de transformación personal, que pueda desembocar en una transformación colectiva como centro. Transformar nuestro “mundo pequeño” para poder incidir en la transformación global.

Con esta convicción iniciamos la formación del claustro del “enfoque restaurativo global”: una nueva mirada que busca construir una cultura de la paz y de la convivencia positiva a través de la participación, el diálogo y la empatía. El objetivo es gestionar los conflictos desde una perspectiva de reparar el mal para poder restaurar las relaciones, en lugar de juzgar y penalizar. De este modo se promueve el bienestar emocional y la construcción de una ciudadanía activa y responsable.

El pasado curso iniciamos con todo el alumnado (desde los 3 años hasta 6º de Primaria) los llamados “círculos proactivos”, espacios donde compartimos sentimientos y necesidades como base del conocimiento mutuo, paso previo para avanzar en la educación por la paz. Recuerdo especialmente las palabras de un alumno de 6º que, al despedirse, me escribió en un papel: “Marta, la escuela ahora es mejor y más segura”.

Para mí, esto es educar por la paz, proporcionar al alumnado herramientas para que puedan hacer su propia transformación. Un cambio interior que nos permite empatizar, reconocer lo que necesita el otro y lo que necesito yo, y juntos construir relaciones más amables. Solo así podremos contribuir en la construcción de la paz, aquella que deseamos para nosotros mismos y para la humanidad.

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Marta Tejedor Ruano

Directora de la Escola Anxaneta