
Está claro que nuestra juventud está apostando claramente por un itinerario formativo que responde a una demanda creciente de profesionales cualificados en sectores muy específicos, lo que facilita la empleabilidad, con un enfoque mucho más práctico y que conecta directamente con las necesidades del mercado laboral.
Esta debería ser, a todas luces, una forma de impulsar la economía, reducir el desempleo juvenil y mejorar la competitividad de las empresas, que además aproveche estas potencialidades para capacitar y emplear a jóvenes que servirán de relevo a una población trabajadora envejecida. Sin embargo, estas luces tienen sus sombras. Y es que este incremento de la demanda no está siendo absorbido desde lo público.
En la última década, la matrícula en FP en centros privados ha crecido un 467,5% en total. Es peligroso convertir la formación y capacitación en un mercado al mejor postor, más en un país en el que la tasa de pobreza o exclusión social ronda el 25,8%. Esto sugiere que aproximadamente una cuarta parte de la población podría tener dificultades para costear la educación privada. Así, sería intolerable convertir la FP en una herramienta de segregación.
Y en este punto la Administración tiene mucho qué hacer: ¿por qué las exigencias para el profesorado son menores en la privada que en la pública (el máster del profesorado)? ¿Por qué se es más flexible y laxo con los trámites administrativos o los materiales?
Las personas que se matriculan en la privada lo hacen porque es más moderna, las ratios son menores y la atención más personalizada, sin mencionar el auge de las enseñanzas de régimen a distancia y su flexibilidad horaria. Pero esta es la realidad, así que démosle la solución desde lo público, que pasa por:
- Ofrecer formación adecuada y constante al profesorado.
- Disminuir las ratios.
- Invertir en la renovación de las dotaciones de los centros.
- Exigir los mismos requisitos en la privada que en la pública.
Necesitamos una oferta amplia, suficiente en cantidad y calidad, convenientemente dotada desde lo público. Por ello exigimos una apuesta seria para conseguir los objetivos reales de este sector: profesionalización, capacitación y adecuación a nuestra realidad, al mercado laboral y al tejido productivo.
¡Demandamos un impulso de la FP con perspectiva de género, que rompa estereotipos y que apueste por nuestra juventud!