
Este colectivo, mayoritariamente femenino, no está ahí para «ayudar» de forma superficial, sino para garantizar la inclusión real y el bienestar físico y emocional del alumnado. Sin embargo, la realidad laboral que enfrentan choca frontalmente con la importancia de su función.
Dentro de este colectivo, las técnicas especialistas en Educación Infantil (TEEI) son la columna vertebral del primer ciclo (0-3 años) y figuras clave en el segundo. Es urgente romper con el estigma: no son meras cuidadoras asistenciales. Son profesionales con titulación superior que diseñan actividades pedagógicas, gestionan conflictos, detectan problemas de desarrollo y ofrecen el primer vínculo seguro fuera de la familia.
Sin embargo, la Administración y las empresas siguen tratando este trabajo bajo una visión romántica y sesgada: al ser un sector feminizado, se asume que el cuidado es «vocacional» y que sale de forma natural. Esta excusa permite perpetuar la precariedad, contratos parciales y salarios que, en muchos casos, apenas rozan el mínimo interprofesional.
La injusticia se hace patente y dolorosa cuando comparamos sus condiciones con perfiles técnicos masculinizados de la administración o servicios (mantenimiento, conductores de parque móvil, gestión de residuos).
¿Por qué un oficial que arregla maquinaria o farolas percibe un salario notablemente mayor que quien educa y cuida a la infancia? En los oficios masculinos, el esfuerzo físico, la peligrosidad o la penosidad se pagan mediante pluses. En cambio, que una educadora levante peso constantemente (riesgo musculoesquelético), trabaje con 80 decibelios de ruido y gestione la seguridad de veinte menores, se considera «parte del oficio». La penosidad del trabajo de cuidados no se paga, se da por sentada.
Esta precariedad tiene consecuencias: ratios inasumibles, ansiedad y bajas laborales por desgaste físico.
No pedimos privilegios, sino justicia social bajo la premisa de «a igual valor, igual retribución».
Una sociedad que valora más, económicamente, la reparación de objetos que el cuidado de sus ciudadanos y ciudadanas más vulnerables, debe revisar urgentemente sus prioridades. Dignificar a las técnicas en Educación Infantil y al Personal de Apoyo no es un gasto, sino una inversión. Porque quien sostiene la infancia, sostiene el futuro.