Es vital mirar el acoso escolar con perspectiva de género, puesto que no podemos enfrentarnos a él si no entendemos cómo el patriarcado condiciona también la violencia entre iguales. No podemos negar tampoco que la mayoría de las agresiones que ocurren en los centros llevan un fuerte tinte de género.
Las redes sociales tienen un rol destacado en el refuerzo de estereotipos, castigando a quienes no encajan en el molde de la «fortaleza» o se atreven a mostrar sensibilidad. Y no podemos ignorar el sexismo persistente, que lleva a niñas y adolescentes a sufrir formas concretas de violencia, como el ciberacoso de carácter sexual o la vigilancia obsesiva sobre sus cuerpos, el control constante por parte de sus parejas, etc.
Tampoco podemos hablar de convivencia sin abordar el profundo malestar de los y las docentes. El profesorado se siente solo ante la sobrecarga burocrática, la falta de estabilidad y la creciente conflictividad, mermando la salud mental del colectivo, y generando una sensación de impotencia y desánimo que no podemos ignorar. El personal educativo está emocionalmente desbordado, con ratios imposibles y sin apenas apoyo institucional, impidiéndole detectar a tiempo esas señales invisibles del maltrato escolar que requieren de tiempos y espacios adecuados.
El bienestar del profesorado es la base de un clima escolar sano; si el sistema no protege a sus profesionales, la escuela deja de ser el entorno seguro que el alumnado necesita.
Recursos frente a la precariedad
La convivencia es una responsabilidad colectiva que exige inversión real, no solo buenas palabras. Por ello, reivindicamos:
- Más personal especializado: aumentar los equipos de orientación y servicios sociales para descargar la presión sobre el profesorado.
- Formación y tiempo: el profesorado necesita herramientas de mediación, pero también tiempo de calidad dentro de su jornada para aplicarlas.
- Protocolos ágiles: menos burocracia y más acción; mecanismos que protejan a la víctima de manera inmediata y que trabajen en la reeducación de quien agrede.
- Una persona responsable de bienestar en todos los centros a tiempo completo que pueda asegurar que las medidas se llevan a cabo.
- Protocolos eficaces y ágiles.
La escuela pública tiene que ser un refugio, un espacio seguro y amable donde ni tu código postal, tu origen, tu identidad de género ni cualquier otro factor de desigualdad decidan si estás a salvo o no.