La libertad siempre vence

NO RECUERDO LA PRIMERA VEZ QUE ESCUCHÉ HABLAR A MI ABUELA DE SU PADRE. Pero sí ha estado presente siempre como una especie de huella imborrable a pesar de que mi abuela no hubiese escuchado ni su voz. Lo fusilaron cuando ella tenía apenas unos meses de vida, dejando a mi bisabuela –de quien heredé el nombre y, según mi madre, la fuerza– viuda con dos niños pequeños a su cargo.