A lo largo de cuatro jornadas intensas, la historia reciente se hizo presente en forma de debate, visita a espacios de memoria, movilización masiva y homenaje sindical.
La semana comenzó el 22 de marzo en el Centro Provincial de las Artes en La Plata, con una jornada internacional de debate y reflexión a 50 años del golpe de Estado. Organizada por centrales sindicales como la CTA y la CGT, reunió a delegaciones de distintos países. El objetivo no era solo recordar, sino analizar, el Plan Cóndor, el papel del sindicalismo en la resistencia a las dictaduras y los desafíos actuales de la democracia. Los paneles permitieron intercambiar experiencias entre América Latina y Europa, reforzando la idea de que la memoria es una herramienta política del presente. Para el ámbito educativo, este intercambio reafirma el papel clave de la escuela en la construcción de una ciudadanía crítica.
El 23 de marzo estuvo dedicado a los espacios de memoria en La Plata. La jornada comenzó con la visita al ex Centro Clandestino de Detención Comisaría 5ª. Recorrer estos lugares es una experiencia difícil de describir. Allí donde hubo silencio impuesto, hoy hay testimonios, marcas y trabajo de memoria colectiva. Es un ejercicio necesario para mirar de frente lo que el terrorismo de Estado intentó ocultar. Posteriormente, la visita a la Comisión Provincial por la Memoria permitió profundizar en el trabajo institucional que sostiene el compromiso con la verdad y la justicia. Estos espacios no solo preservan el pasado, sino que lo transforman en conciencia activa. Ambas visitas reforzaron una certeza compartida: la memoria es una política activa de derechos humanos que se construye cada día.
El 24 de marzo, Día Nacional por la Memoria, la Verdad y la Justicia, Buenos Aires se convirtió en un espacio de encuentro colectivo. La movilización en la Plaza de Mayo reunió a miles de trabajadoras y trabajadores, organizaciones sociales, sindicales y de derechos humanos. La consigna fue clara y unánime: Nunca más. Nunca más al terrorismo de Estado, nunca más a la desaparición forzada, nunca más al silencio. Desde FECCOO acompañamos esta jornada junto a la Internacional de la Educación, compartiendo la convicción de que la lucha por los derechos humanos es global. La presencia internacional reafirma que la memoria argentina trasciende fronteras y se convierte en referencia para otros pueblos. La calle, en este contexto, no es solo protesta, sino también un espacio de pedagogía democrática y construcción de conciencia colectiva.
El 25 de marzo la actividad se desarrolló en la sede del sindicato CTERA en Buenos Aires, en un homenaje a la memoria del colectivo docente. Se recordó a Isauro Arancibia, dirigente sindical y docente asesinado en 1976, y a las y los 880 docentes detenidos desaparecidos durante la dictadura. El acto contó con la participación de referentes sindicales argentinos y también nos dio voz a cada uno de los miembros de la Delegación internacional, subrayando la dimensión global de la solidaridad educativa. La dictadura no solo persiguió a militantes políticos, sino que atacó directamente a la educación pública como espacio de pensamiento crítico. Defender la escuela pública hoy es también defender la memoria de quienes fueron silenciados y silenciadas por enseñar.
Estos cuatro días no han sido únicamente un ejercicio de recuerdo. Han sido una lección sobre la relación entre memoria, democracia y derechos humanos. La dictadura dejó miles de personas desaparecidas, perseguidas y asesinadas, pero también dejó una enseñanza fundamental: la resistencia organizada puede transformar el dolor en verdad y la verdad en justicia. Las Madres y Abuelas de la Plaza de Mayo siguen siendo un símbolo universal de esa transformación y una referencia ética imprescindible.
En el presente, los discursos negacionistas y los intentos de relativizar los crímenes de la dictadura hacen aún más relevante esta experiencia. Sin embargo, la sociedad argentina mantiene un amplio consenso en defensa de la memoria, los juicios por delitos de lesa humanidad y la democracia. Ese consenso es fruto de décadas de lucha social, trabajo educativo y políticas públicas sostenidas. Sin educación en derechos humanos, la memoria se debilita; sin memoria, la democracia se empobrece.
Desde FECCOO reafirmamos nuestro compromiso con el pueblo argentino. No se trata solo de acompañar, sino de aprender. La memoria no es un ejercicio pasivo, sino una construcción colectiva permanente. La justicia, aunque tarde, es posible, y la verdad termina imponiéndose cuando los pueblos la defienden con organización y perseverancia. En un contexto global donde resurgen discursos autoritarios, la articulación entre sindicatos y organizaciones sociales es más necesaria que nunca. La lucha contra el fascismo, en cualquiera de sus formas, exige unidad, estrategia y claridad política.
Como enseñanza final de esta experiencia, queda la certeza de que la democracia no es un estado garantizado, sino una tarea cotidiana. Cincuenta años después del golpe, Argentina sigue diciendo nunca más, y lo hace no solo como recuerdo, sino como compromiso activo con el presente y el futuro de sus generaciones.