Manuela Carmena Castrillo. Abogada, jueza y exalcaldesa de Madrid

«Estamos huérfanos de una Ley de Magisterio»

HABLAR CON MANUELA CARMENA SOBRE EDUCACIÓN, Y SOBRE LA GESTIÓN QUE DESDE EL AYUNTAMIENTO SE HIZO BAJO SU MANDATO, es una buena ocasión para comprender que el cambio se produce cuando hay voluntad de hacerlo y cuando se piensa más en el futuro social que en el cálculo político o económico. Tanto en esta entrevista como en la charla que dio en unas jornadas sobre Educación Infantil organizadas por CCOO nos deja entrever que todas y todos podemos ser agentes del cambio.

MANUELA CARMENA CASTRILLO, (Madrid, 1944) nació en el barrio de Tetuán y pasó su vida escolar en un colegio religioso del distrito de Chamberí. En 1960 entró a estudiar Derecho en la Universidad de Valencia. Después se colegió como abogada y militó en el Partido Comunista –ilegal entonces– durante la dictadura franquista, defendiendo a obreras y obreros represaliados, detenidos o despedidos. En 1981 ingresó a la Magistratura del Estado, ejerciendo como jueza en Canarias, Euskadi y Madrid, con una reconocida trayectoria hasta su jubilación en 2010.

En 2015 se convirtió en alcaldesa de la capital por “Ahora Madrid”, rompiendo la hegemonía de la derecha en la ciudad. Al mando del Consistorio estuvo cuatro años en los que puso freno a los desahucios, a la privatización de los servicios públicos, entre otras medidas de corte social como respuesta a los profundos recortes que el Gobierno central del PP había impuesto.

Tras su paso por el Ayuntamiento, ha dedicado su tiempo a seguir en activo, participando en distintos medios de comunicación, escribiendo libros y promoviendo proyectos sociales.

 

Abogada, jueza, alcaldesa, pero vas a participar en unas jornadas de CCOO dedicadas al 0-3. Explícanos el porqué de tu interés en esta etapa educativa.

Bueno, a mí me parece que todos sabemos que las conexiones sentimentales, afectivas e intelectuales se producen en el ser humano en torno a los 0-2 años. Es decir, que es una etapa absolutamente determinante para garantizar lo que va a ser la vida de un ser humano. Y, por tanto, me parece que tiene una trascendencia brutal.

Eso me hizo siempre estar interesadísima en ese periodo de la vida de la humanidad y, en el caso concreto de las niñas y los niños, máxime cuando, además, al haber sido alcaldesa, tuve la enorme suerte de tener competencia sobre ese pedacito pedagógico de sus vidas.

 

Hemos dicho etapa educativa, porque nosotros tenemos muy claro que lo es, pero aún se habla mucho de guarderías, con una visión en la que lo importante es poder colocar a niños y niñas para que las personas adultas trabajen. ¿Cómo crees que se puede cambiar esta percepción?

Yo creo que lo más importante es volver a recordar que de 0 a 2 años es cuando se forma la base del individuo, y se hacen las conexiones afectivas e intelectuales. Por lo tanto, es un momento en el que la pedagogía debe tener un protagonismo determinante, porque de lo que se haga en ese momento va a depender la vida adulta que van a tener esos seres humanos.

 

Muchas de las escuelas infantiles de 0 a 3 son municipales, algunas gestionadas directamente por los ayuntamientos y otras de gestión externalizada. ¿Qué se puede hacer desde los ayuntamientos para mejorar la calidad de la educación en esta etapa y las condiciones laborales de las personas que allí trabajan?

Bueno, yo ahí puedo compartir mi experiencia. Estábamos tan interesados en conseguir que las escuelas infantiles fueran las mejores, las de excelencia, que lo que hicimos fue separarnos de la Comunidad de Madrid. Como se sabe, la competencia, en principio, es de las comunidades autónomas, entonces hay una especie de delegación o de proceso complejo por el cual los ayuntamientos pueden tener las escuelas infantiles, pero siempre hay esa especie de ambigüedad en la relación entre las comunidades autónomas y los ayuntamientos.

Nosotros optamos por separarnos de la red de las escuelas que tenía la Comunidad de Madrid, porque lo que queríamos era que el elemento determinante fuera el programa, el proyecto de cada centro. Entonces, diseñamos una serie de proyectos que nos parecía que eran los que exigían la excelencia que queríamos y lo tuvimos que sacar a concurso, porque, naturalmente, no teníamos un colectivo de funcionarias que pudieran trabajar en esas escuelas infantiles. Entonces, por eso lo que hicimos fue utilizar el concurso como un instrumento, porque lo que exigíamos era el programa que nosotros habíamos diseñado.

“Es un momento en el que la pedagogía debe tener un protagonismo determinante, porque de lo que se haga en ese momento va a depender la vida adulta”

En CCOO defendemos la internalización de las escuelas municipales de gestión externalizada, ¿compartes esa idea?

No sé muy bien qué queréis decir con la internalización. Pero sí creo que ahí hay que lograr la excelencia y no creo que sea necesario, para que haya escuelas infantiles municipales excelentes, el que su profesorado sean funcionarias y funcionarios. Creo que se pueden buscar muchas maneras de incorporar a grupos de maestras y maestros que puedan asumir el programa que se diseña por parte de la actividad municipal, lo que es importantísimo.

 

Y, pasando de la teoría a la práctica, ¿qué recuerdas como más positivo en este tema de tu gestión como alcaldesa? ¿Y qué hubieras querido conseguir y que finalmente no fue posible?

No me acuerdo muy bien del número, pero yo creo que nosotros hicimos 11 o 12 escuelas infantiles nuevas en Madrid. A mí me hubiera gustado poder hacer 20, pero no lo conseguimos. No obstante, las que hicimos creo que eran excelentes. Yo las visité muchas veces, pero recuerdo que me costó muchísimo que las empresas de construcción las hicieran. No te puedes hacer la idea de lo que tuve que estar encima para conseguir que se hicieran, pero yo creo que todas tenían un proyecto extraordinario. El proyecto se había hecho a través de colectivos y expertos, y yo creo que fue un éxito. A mí me parece que dimos en la diana y lo hicimos bien.

 

En las movilizaciones de las trabajadoras del sector, una de las reivindicaciones centrales es la disminución de las ratios para ajustarnos a las normas europeas. ¿Compartes la idea de que ese es un aspecto crucial para la calidad de la enseñanza en esta etapa?

Bueno, pues sí es crucial. Yo creo recordar, que nosotros, según la edad de los bebés, hablábamos en un caso que la ratio era de ocho menores, nada más. Es decir, la ratio es fundamental y debe estar adecuada a la edad; y luego está la doble presencia, es decir, el que siempre haya dos personas, que es algo que me parece absolutamente imprescindible.

 

CCOO no firmó el convenio que afecta directamente a las trabajadoras del 0-3 de escuelas privadas o de gestión externalizada, entre otras razones, porque los salarios estaban muy cerca del SMI. ¿Qué opinas de que haya este tipo de retribuciones en la enseñanza del 0-3?

Bueno, yo creo que, en general, las retribuciones de la enseñanza son muy escandalosas, todas. Yo eché mucho de menos que en la primera época de este Gobierno socialista, en lugar de hacer una ley, que fue la ley Celaá (LOMLOE), nos podríamos haber ahorrado ese esfuerzo y hacer, sin embargo, una ley de maestros y maestras, y de todo tipo de profesorado, en la que se planteara la necesidad de mejorar sensiblemente las retribuciones de todo el personal educativo, a cambio de exigir una formación constante. Yo creo que estamos huérfanos de una Ley de Magisterio, para entendernos. No sé qué calificación le daríamos, qué nombre, pero sería una que regule a todas aquellas personas que deciden y ejecutan la formación de los seres humanos, desde los bebés hasta los mayores.

Entonces, ahí yo creo que es extremadamente importante plantear el hecho de que no se puede estar con salarios de convenio. Y yo no sé si sabéis, pero nosotros, en los pliegos que sacábamos para los concursos, primábamos el que las empresas pagaran por encima del convenio. Era uno de los requisitos que utilizábamos para premiar y facilitar la adjudicación. Yo creo que eso es fácil, es sencillo hacerlo. Es decir, si tú quieres que la gente de todas las escuelas esté bien pagada, pues les pones como requisito a las empresas que concursan que siempre se pague por encima del convenio.

Creo que es muy importante exigir esto a las empresas que concursan, puesto que estamos hablando de que la mayor parte de este tipo de actividad está externalizada, y así podríamos conseguir que se mejorasen las distribuciones salariales.

Aquí siempre se dice que no podemos hacer nada. Pero las administraciones pueden hacerlo: lo que tienen que decir es que queremos que en nuestras escuelas infantiles el personal gane por encima del convenio, porque también es la manera de seleccionar a las y los mejores.

“Se pueden buscar muchas maneras de incorporar a grupos de maestras y maestros que pueden asumir el programa que se diseña”

¿Cómo te imaginas el futuro de la Educación Infantil de 0-3?

Pues tiene un futuro apabullante, porque está tan claro que es necesario, que yo creo que hay que plantearla que sea excelente, gratuita, con acceso a todo el mundo y que todos seamos conscientes de que es un elemento determinante para conseguir la ciudadanía del mañana que necesitamos.

 

Has dicho que la burocracia genera inmovilismo político. La derecha ofrece la administración de lo público a manos privadas, mientras la izquierda no termina de saber qué tipo de administración quiere. ¿Podemos extrapolar esta misma idea hacia el ámbito de la enseñanza?

Creo que sí. Yo creo que ahí nos encontramos con que la izquierda no tiene claro el modelo que quiere, lo que muchas veces impide que se logren éxitos en la eficacia y en la eficiencia que debe tener la gestión pública.

 

¿Ha cambiado la militancia y el sindicalismo desde los inicios de tu carrera hasta hoy?

Conozco mejor lo de antes. Y el sindicalismo funcionarial, evidentemente, no es lo mismo que la actividad sindical que yo conocí de las empresas en los años en los que yo era abogada laboralista. Yo creo que es importante reflexionar y entender que, muchas veces, los sindicatos que están formados por personal funcionario se equivocan y hacen reivindicaciones funcionariales, y no reivindicaciones de derechos sindicales.

El cambio es esencial. Creo que una de las cosas más importantes que vivimos es que ahora hay como una especie de oscuridad sobre cuál es la participación individual que puede tener un ciudadano o una ciudadana para cambiar la sociedad desde su propio planteamiento. Eso afecta, naturalmente, al sindicato, pero también a la militancia política. Estamos viviendo un momento de confusión y, desde luego, creo que no es tiempo de ciertas manifestaciones, sino que es tiempo de buscar otras maneras de poder para, de verdad, cambiar la realidad social y hacerla mejor y más asequible para todos y todas.

“La ratio es fundamental y debe estar adecuada a la edad; y luego la doble presencia, es decir, el que siempre haya dos personas, me parece que es absolutamente imprescindible”

¿De qué manera, tanto la izquierda como los sindicatos de clase, pueden intentar ganar el pulso a los discursos que están impactando profundamente en las personas jóvenes y en quienes exigen respuestas ante los problemas que les afectan directamente: salarios, vivienda, acceso al trabajo?

Pues en éxitos, en las respuestas. La respuesta es clara, es decir, si no consiguen respuestas favorables, van a desconfiar, naturalmente, de un sistema que no lo consideran adecuado para mejorar sus condiciones de vida. Es decir, la cuestión es que las respuestas tienen que ser eficaces y no queda más remedio que darle vuelta y pensar y pensar y pensar.

Soy seguidora de Concepción Arenal, que yo creo que es la mejor pensadora del siglo XIX español, entre hombres y mujeres… una mujer extraordinaria. Pero Concepción Arenal, además de ser una grandísima pensadora, era una enorme activista, porque ella hizo muchísimas cosas. Por ejemplo, la gente lo desconoce, pero ella creó la primera empresa de viviendas obreras en Madrid. Es una empresa fabulosa.

Ella tiene un libro en el que habla sobre la situación internacional, muy bonito, que se llama El derecho de gentes. Y ella sostiene, fijaros que estamos hablando de la mitad del siglo XIX, lo importante que es que haya tribunales, que haya asambleas para evitar las guerras. Ella considera que la guerra, por definición, es absolutamente ilegal y que es fruto del odio, y que es necesario combatirlo… Todas estas cosas nos han hecho saber que a veces hemos conseguido éxitos, pero también es verdad que hay veces que tenemos tanta tristeza, tanta amargura, tanta confusión, que estamos realmente ateridos. Y dice, en ese momento, ¿qué es lo que debemos hacer? Y dice que pensar. Pues yo creo que es lo que debemos hacer ahora, pensar.

 

¿Cómo te gustaría que recordaran tu legado?

No tengo ningún interés en que me recuerden, para nada. Me encanta lo que vivo ahora, un agradecimiento enorme de la gente, en general. Yo voy por la calle y la gente me para simplemente para darme las gracias por lo que he hecho, por la actitud que he tenido. En el Metro, muchas veces, gente de derechas, del Partido Popular, me dicen “me gusta verte en el Metro” o “me gusta verte que eres una persona honesta” y tal. Eso es lo que me interesa. El legado me da igual.

 

Una de las cosas más bonitas que se escucharon cuando no pudiste renovar por un segundo mandato como alcaldesa, fue “no es que Carmena haya perdido a Madrid, sino que Madrid ha perdido a Carmena”.

Sí, y es importante pensar por qué pasó eso, es decir, los errores de todas y todos. Probablemente yo también me equivoqué. Estuve dando una conferencia a las y los estudiantes de la (Universidad) Carlos III, y entonces me preguntaban por qué habían fracasado los ayuntamientos del cambio, en general. Y yo les respondí que ocurrió porque se habían visto de nuevo atrapados en las mismas problemáticas que los partidos políticos. Es decir, esa equivocación de pensar que el partido político es más importante que el cambio social, hace que, en ocasiones, el cambio social se hunda. Y esto pasa porque el partido político se ha olvidado de que el cambio es mucho más importante que él mismo.

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