Adrià Junyent Martínez. Secretario de Juventud de CS CCOO

“La juventud está muy implicada en temas sociales, solo falta que también se implique en el sindicalismo para mejorar su día a día”

LA PRECARIEDAD JUVENIL SE HA CONVERTIDO EN EL CABALLO DE BATALLA DE ADRIÀ JUNYENT. El secretario de Juventud de CCOO, de 28 años, recuerda que los derechos hay que pelearlos y, aunque reconoce que es complicado no ser joven y precario, les anima a afiliarse para mejorar sus condiciones laborales y de vida: “El salario medio neto anual de las personas de entre 16 y 30 años es de 10.000 euros. Es una cifra irrisoria”, afirma.

ADRIÀ JUNYENT MARTÍNEZ (Cornellà de Llobregat, Barcelona, 1994) es graduado en Ciencias Políticas y Gestión Pública por la Universitat Autónoma de Barcelona y máster en Comunicación Política por la Universidad Complutense de Madrid. Fue secretario general del Frente de Estudiantes durante tres años. En 2019 entró a formar parte del Equipo de Desarrollo Organizativo de CCOO Madrid y poco después se incorporó como adjunto a la Secretaría de Política Sindical contra la Precariedad. En 2020 fue elegido vicepresidente de las áreas Socioeconómica y de Comunicación del Consejo de la Juventud de España representando a Jóvenes CCOO. En la actualidad es secretario confederal de Juventud.

 

¿Qué les preocupa hoy a los y a las jóvenes?
Sobre todo la falta de empleo y los empleos precarios. También la vivienda y, en general, la falta de oportunidades que tiene esta generación. Además, está preocupada por otras cuestiones más allá del ámbito laboral, como la educación, el feminismo, el ecologismo, la lucha contra la pobreza. En plena pandemia vimos a mucha gente joven participando en bancos de alimentos, por ejemplo. La mayor parte de la juventud está muy implicada en temas sociales, solo falta que también se implique en el sindicalismo para mejorar su día a día. Parte de los problemas que has señalado vienen de lejos. Parece que nada cambia. En algunas cosas objetivamente hemos empeorado, como en la relación del precio de la vivienda con los salarios, que antes era mucho más baja. Pero no podemos olvidar que en los años 80-90 el paro juvenil estaba en el 40% y la lacra de la droga venía de la mano de un contexto socioeconómico caracterizado por la falta de oportunidades. Hay una visión idealizada del pasado que es peligrosa. En los años 2000 se comenzó a hablar de los mileuristas y con la crisis de 2008 hubo un aumento de la precariedad. Es complicado ser joven y no ser precario.

¿Por qué no se logra salir de la espiral de la precariedad?
Hay sectores nuevos que desde sus inicios están abrazando la precariedad. Y también tiene mucho que ver el tejido económico que tenemos en España en los últimos 20 o 30 años, que ha dado pie al impulso de sectores precarios, como la hostelería y el comercio, en lugar de a otros más resilientes, como la investigación o la industria verde. Hay que promover aquellos sectores que cuentan con mejores condiciones de trabajo y luchar para mejorar las de los más precarios. El problema es que los empleos precarios son vistos como algo temporal, pero la realidad es que es difícil salir de ahí.

¿Crees que el Gobierno está dando soluciones sostenibles en el tiempo a los problemas de las personas más jóvenes?
Hay inversiones que no se hacen con cabeza y que tienen un impacto a corto plazo y no generan un empleo estable. Sin embargo, durante la crisis de la COVID-19, gran parte de la juventud, que hemos sido el grupo de edad más afectado ha salvado su trabajo y ha evitado tener que volver a casa de sus padres gracias a los ERTE. Por otro lado, el ingreso mínimo vital deja totalmente de lado a los y las jóvenes. Si tienes entre 18 y 23 años directamente no lo puedes solicitar, algo que no entendemos y que consideramos una injusticia. No obstante, se han hecho cosas positivas, como la “Ley de los riders”, y justo ahora se está acabando de negociar el Estatuto del Becario. En definitiva, se dan pasos, pero la situación de la juventud es una cuestión urgente, que ya viene de hace
décadas, y que está llegando a unos niveles de precariedad que solo se pueden enfrentar con políticas valientes.

Con el futuro Estatuto del Becario, ¿dejarán becarios y becarias de ser mano de obra barata?
El borrador de Estatuto del Becario avanza en derechos. La cuestión que más nos preocupaba era si, de mantenerse las prácticas extracurriculares, serviría para algo. Estas prácticas finalmente desaparecen. Supone un primer paso muy importante, y hace un esfuerzo muy grande en definir lo que es trabajo y lo que es una práctica. Además, da herramientas a la Inspección de Trabajo para que pueda intervenir. Se crea una línea específica dentro de las prioridades de la inspección para que se actúe en el ámbito de los becarios y de las becarias y las prácticas extracurriculares, que es donde se acumulaba gran parte del fraude y la explotación.

“No debemos conformarnos con la precariedad y contentarnos con pensar que esta terminará en unos años”

Pese a ser graduado en Ciencias Políticas y Gestión Pública y contar con un máster en Comunicación Política, tú tampoco has escapado a contratos temporales y condiciones draconianas. ¿Cuál es tu experiencia personal como joven trabajador?
Un poco antes de terminar el máster empecé a trabajar en el sector de la hostelería. Trabajé de mochilero en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid llevando cervezas. Era un trabajo duro –las mochilas pesaban unos 20 kilos–, no muy bien pagado y con algunos fraudes de ley, con contratos por día. Y también trabajé en el sector de la enseñanza. Como tengo el título de monitor de tiempo libre, impartí clases de robótica. Gracias a esto podía conseguir unos 300 euros, con los que pagaba mi parte del alquiler de un piso en Madrid. Era un quinto sin ascensor, sin calefacción y con humedades. Lo que más rabia me dio de esa época fue no haber podido organizar a los compañeros y las compañeras que trabajábamos juntos. En la primera empresa básicamente porque no teníamos antigüedad. Pusimos una queja en la Inspección de Trabajo que se sigue investigando. En la segunda, por falta de contacto entre compañeros y compañeras.

La temporalidad, las jornadas parciales y los bajos salarios son problemas que aquejan a gran parte de las trabajadoras y los trabajadores de la enseñanza, con mayor incidencia en las personas más jóvenes. Desde docentes a personal administrativo, de cocina, patio, monitoras y monitores, etc. ¿Estamos ante un sector especialmente precario?
Es un sector con personal muy joven, sobre todo en el ámbito de las academias y del tiempo libre. Pero la precariedad no se queda ahí, también afecta a quienes quieren cumplir su sueño de ser docente y opositan. Y algo similar ocurre en la universidad, donde cuesta muchísimo lograr una plaza. Es un sector muy vocacional. Y la precariedad se aprovecha de esta vocación. Es necesario que la juventud se implique. Por ejemplo, en ámbitos como el de ocio y tiempo libre, en muchos casos entienden que están de paso y, mientras terminan sus estudios, trabajan en campamentos, colonias, comedores escolares, etc., por lo que no hay una organización que permita frenar determinados abusos. Pero, incluso siendo un trabajo temporal, es necesario que se logre una mejora de las condiciones, y eso solo se consigue desde la organización y la movilización.

¿Se están notando los efectos de la reforma laboral?
Hay ciertas cosas que con la reforma van a cambiar, sí. Siguiendo con el ejemplo del ámbito de ocio y tiempo libre, antes podías trabajar durante los veranos en un campamento con un contrato por obra y servicio. Cuando se terminaba la actividad para la que te habían contratado ese año te quedabas sin trabajo y, al año siguiente, volvías a tener otro contrato por obra y servicio. De esta forma no conseguías la antigüedad suficiente para lograr convertirte en representante sindical. Ahora, con los contratos fijos discontinuos todo esto cambia y abre las puertas a una mayor implicación de los y las jóvenes en el mundo laboral, que tendrán la garantía de que les volverán a contratar y conseguirán tener la antigüedad para presentarse a delegados y delegadas sindicales.

¿De dónde viene la desafección de la juventud por la organización y participación sindical?
La precariedad debería animarte a realizarte, pero a la vez también te lo dificulta mucho. Es verdad que ha habido un cierto tapón generacional y ha costado que entre gente nueva en los sindicatos. Afortunadamente, cada vez se están produciendo más relevos. Por otro lado, tenemos otra cuestión, y es que las organizaciones sindicales se han convertido en el blanco de la extrema derecha y también de cierta izquierda. La falta de afiliación joven es un problema que CCOO comparte con otro sindicatos y que es multicausal. Algunas ya las he comentado y tienen que ver con la precariedad y los empleos temporales. Cuando no tienes una vinculación fuerte con tu empresa y con tus compañeros y compañeras, es difícil que la gente se organice, porque consideran que, dado que su estancia va a ser corta, no merece la pena luchar para mejorar sus condiciones. La desconexión entre la juventud y el activismo también afecta a los partidos políticos y tiene que ver con el establecimiento de unas relaciones más débiles, características de la sociedad líquida en la que vivimos.

“Donde hay sindicalismo, hay mejores condiciones de trabajo

¿Por qué una persona joven debería afiliarse a un sindicato?
Siendo parte del colectivo de edad más precario, está claro que la afiliación debería estar entre sus prioridades. Donde hay sindicalismo, hay mejores condiciones laborales. No debemos conformarnos con la precariedad y contentarnos con pensar que esta terminará en unos años, sino intentar mejorar en el trabajo que tengamos en un momento concreto. Si aceptamos la precariedad de determinados sectores, esta terminará convirtiéndose en permanente. El sindicato está para defender tus derechos y ofrecerte seguridad jurídica. Esta generación está implicada en muchas cuestiones, como el feminismo y el ecologismo, ahora también tiene que luchar por su presente en materia laboral. El salario medio neto anual de las personas de entre 16 y 30 años es de 10.000 euros. Es una cifra irrisoria con la que no se puede subsistir en las grandes ciudades y difícilmente en las pequeñas. Toca organizarnos y convertirnos en el relevo de las generaciones que nos han precedido en el sindicato para seguir mejorando y ganando derechos. Los derechos no se heredan, hay que continuar luchando. Ahora, por ejemplo, por el tema del teletrabajo y el derecho a la desconexión.

¿Cómo debe transformarse el sindicato para resultar más atractivo a las personas jóvenes?
Debemos mejorar nuestra comunicación y hablar más de los problemas de la juventud para que esta pueda sentirse representada y acercarse al sindicato. También tenemos que hacer un esfuerzo extra en los sectores más precarios, que son justamente donde se concentra la juventud, y contar con más recursos para atender las elecciones sindicales. La comunicación la afrontamos desde muchas vías. Desde la Confederación, las federaciones y los territorios. A través de las redes sociales, pero también de forma presencial con los delegados y las delegadas, que tienen mucha influencia. En este sentido, tenemos que trabajar en su formación y poner a su alcance todas las herramientas necesarias. Por supuesto, las redes sociales y los materiales audiovisuales son fundamentales. Y también que sean las personas jóvenes del sindicato las que se dirijan a otras personas jóvenes. Crear referentes. Para llegar a tramos de edad más jóvenes, de 18 a 25 años, hay que dar un salto y hacerlo con calidad y recursos, algo que ya se está haciendo a nivel confederal. Hay que invertir más en afiliación joven. En cualquier caso, hay que recordar que, pese a los brutales ataques que recibimos desde hace ya más de 10 años, nuestro nivel de representación en las elecciones sindicales no ha bajado. Tenemos prácticamente el mismo número de delegados y de delegadas. Eso demuestra la fuerza del sindicato para resistir esas embestidas y continuar siendo la principal organización social del país y seguir movilizándose y luchando por mejorar las condiciones laborales.

¿Qué importancia tienen las redes sociales?
La juventud usa mucho las redes sociales, pero también sale a la calle, como pasó en el 8-M de 2018. Las redes muchas veces tienen un impacto limitado que no va más allá de la propia red. No obstante, son un aliado más y nos ayudan, entre otras cosas, a coordinar a la afiliación, a delegados, delegadas y a equipos en centros de trabajo.

“Toca organizarnos y convertirnos en el relevo de las generaciones que nos han precedido en el sindicato”

Antes de incorporarte al mundo laboral, formaste parte del movimiento estudiantil como secretario general del Frente de Estudiantes durante tres años, empapándote de los problemas del mundo universitario. ¿Qué debe cambiar para que la Universidad se convierta en una locomotora del desarrollo de nuestro país?
La Universidad tiene que ser más accesible para los hijos y las hijas de la clase trabajadora. Es necesario dar más recursos a las personas que tienen menos, de manera que puedan compatibilizar trabajo y estudios o simplemente dedicarse a estudiar. Bolonia, con su exigencia de presencialidad, hizo mucho daño a quienes trabajaban y estudiaban. Las becas son fundamentales para garantizar la igualdad de oportunidades. Y estas tienen que llegar a tiempo para sufragar los gastos de los y las estudiantes. De otra manera, no sirven de mucho. Además, la Universidad ha de colaborar con las empresas, pero con cuidado. Debe establecerse una relación en la que las dos partes ganen, no solo las empresas, que es lo que está pasando en muchos centros.

Además de la futura Ley Orgánica del Sistema Universitario (LOSU), que sustituirá a la actual Ley Orgánica Universitaria (LOU), y de la LOMLOE, cuyos aspectos más sustantivos entran en vigor este curso escolar, hace unos meses se aprobó la nueva Ley de Formación Profesional. ¿Hasta qué punto el cambio de consideración que está viviendo la FP puede resultar un revulsivo para la mejora de la empleabilidad y las condiciones laborales de las personas jóvenes?
En España, la FP siempre ha estado desaprovechada y desprestigiada. En la actualidad, tener determinadas titulaciones de Formación Profesional es incluso mejor que un grado. Cuando terminas el grado tienes que estudiar un máster, lo que además es más caro. Sin embargo, hay sectores en los que existen muy buenas condiciones de trabajo para titulados y tituladas en FP. Tradicionalmente la FP no ha tenido demasiado tirón porque no se ha promocionado como algo válido. Estudiar una carrera era para gente inteligente. Eso es lo que teníamos en la mente. Ha faltado promoción y recursos por parte de las administraciones públicas. Ahora, ante el aumento de la demanda, el problema radica en la escasez de plazas públicas y el aumento de las privadas. Es una cuestión muy perversa porque, a la vez que la derecha pone el foco en que hay demasiadas personas universitarias en nuestro país, no hacen ningún esfuerzo para que aumenten de forma importante las plazas públicas de FP, que al final son una alternativa a la universidad. Es muy perverso porque, sin ningún tipo de escrúpulos, te lanzan a la precariedad. Por otro lado, tenemos el tema del carácter dual de la formación. La FP Dual suele funcionar mejor en grandes empresas que tienen más capacidad de inversión en perfiles de este tipo, pero en España tiene un mal encaje. Además, considero que la FP Dual tiene que ir de la mano, sí o sí, de contratos formativos, con independencia del número de horas en la empresa. Tenemos que avanzar hacia que todas las prácticas de FP tengan algún tipo de remuneración y lograr convertirla en una opción atractiva para quienes están en el sistema educativo y también para la gente que dejó de estudiar en un momento determinado o ha sufrido fracaso escolar. En España hay muchas personas universitarias, pero también hay muchas que no tienen titulación más allá de la ESO. Hay que reducir la distancia entre unas y otras, de manera que pongamos coto a la precariedad y se favorezca una estructura económica con empleos de más calidad.

Para finalizar, cuéntanos qué objetivos os habéis fijado desde la Secretaria de Juventud.
Son muchos, entre ellos mejorar la comunicación, que es algo primordial, y las tasas de afiliación joven. Queremos contar con candidatos y candidatas jóvenes en las elecciones sindicales y potenciar espacios de participación interna, de militancia joven, en los que podamos opinar y pelear por la mejora de nuestras condiciones laborales y de vida. Por otro lado, queremos potenciar la formación para que quienes lleguen al sindicato tengan a su alcance todos los conocimientos necesarios.

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